Mientras Duermes

Cuando fui a ver La piel que habito, hubo un acontecimiento extraño que no conté. En famosa cadena de cines pasaron películas de la muestra de cine de Morelia, las estaban rotando en algunos cines y uno tenía que darse a la tarea de pescarlas en su cine más cercano a una hora, si no decente, de menos práctica. Así que el día que pasaban La piel que habito era perfecto: sábado y con un horario que me garantizaba iba a terminar antes de mi cita.

Compré mi boleto y me senté con palomitas grandes, refresco y todo… pasaron 30 o 40 minutos y nada, no pasaba nada. Vaya ni las luces apagaban.
Obviamente la gente comenzó a desesperarse y una señorita salió a decir que no nos preocupáramos, que tenían problemas técnicos y que los estaban arreglado. Vi mi reloj. Si se daban prisa veía mi película y llegaba a mi cita. De pronto anunciaron que nos iban a pasar dos películas por el precio de una, que se disculpaban con la audiencia. Vi mi reloj: ni cinta, ni cita, como no hiciera algo iba a perder ambas.

Salí de la sala y me dirigí respetuosamente al gerente. Decidí no perder los estribos porque quien apareció por la puerta fue un señor de mediana edad, sudoroso y con ojos de susto. Le comenté mi problema: yo no podía ver dos películas, simplemente no tenía tiempo, si pudiera darme un pase para otro día se lo agradecería mucho y, ni modo, me perdería mi película con el pobre consuelo de ver en su lugar Pastorela antes de tiempo. Mientras esperaba al gerente con mi pase le pregunté a una señorita qué había pasado, lo que me dijo me pareció escandaloso: la película estaba en camino. Las fallas técnicas se referían a “hay un embotellamiento en Insurgentes”. En cuanto volvió el sudoroso gerente, llamaron para decir que la película estaba en el estacionamiento.

Afortunadamente el público se negó a ver una película que no había planeado ver antes de la que tenía proyectada, así que vimos La piel que habito. A mi no me decepcionó, ni por la espera.

La película que no alcancé a ver fue Mientras duermes, porque hubo doble entrega ese día, aunque yo no me quedé.

El principio de la película fue suficiente para que yo fuera a verla después.

Es magnífica. Es una oda a la mezquindad humana.

La historia va de un desgraciado que disfraza su profunda amargura de amabilidad. Esa amabilidad le permite entrar a la vida de otros, saber todo lo necesario para, después, decir y hacer cosas que van a resultar en la infelicidad de todos los que lo rodean… y se asegura que siempre sea así.

Su víctima más difícil es una chica animosa y alegre, que muy pronto dejará de serlo para toda su vida.

Magnífica, repito, yo la volvía a ver… bueno, tal vez no, es como querer repetir a Aronofsky.

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