De cómo atropellar bicicletos y amenazar gendarmes

Ayer por la tarde oí una parte de un programa en el que un locutor llamó a deshacernos de los bicicletos, por muchas razones. Y yo, YO, señores, me reí muchísimo. Me pareció una intervención hilarante porque fue una editorial muy sarcástica. Tanto, que hubo poca gente que lo entendió. Hoy el locutor tuvo que pedir una disculpa por su intervención. Yo le aplaudo el que lo haya hecho por haber ofendido a quien se haya sentido agredido, sin embargo me parece que en muchas cosas que dijo tiene razón ¿por qué? Porque en esta ciudad ya no hay educación cívica ni vial.

Me voy a explicar: mucha gente que, por ejemplo, anda en motocicleta se queja de nosotros, los motoristas. Sin embargo hay muchos motociclistas que son un verdadero peligro, en lo particular me dan miedo porque cuando menos espero ya hay uno de mi lado izquierdo ¿qué pasa si un día me hago un poquito a la izquierda por cualquier razón y hay una motocicleta ahí? Me la voy a llevar de corbata y todo el peso de la ley en mi contra. Si voy en carretera me aterran mucho más porque van en zigzag. Solo hoy en la mañana había una bicicleta frente a mí, en el carril, cuando no debería ser así: debió haber estado en la extrema derecha, he visto bicicletas en sentido contrario y eso también está prohibido, así como ir sobre la banqueta.

Yo soy muy respetuosa de los habitantes de esta ciudad, pero no todos los habitantes son respetuosos y no solo los bicicletos y motcicletos, también va para los peatones – o como yo lo recuerdo en la cariñosa voz de una española entrada en años – personas peatonales y los motoristas. Si voy en coche me aterran las bicis, las motos y los peatones. Si voy de peatón me aterran todos. Hace unos veinte años mi tío se llevó de corbata a un bicicleto por haber dado –el bicicleto – una vuelta mal, es decir, no es nuevo que seamos unos maleducados.

Ahora bien, nadie se le echó encima al locutor porque estaba en una cabina, ha estado en la calle y se lo madrean.

Esto me lleva a cómo amenazar gendarmes: las ladies de Polanco. Cositas. No puedo imaginar en qué cabeza cabe agredir a alguien de la manera en la que estas mujeres agredieron al policía. Muchos se preguntan por qué los policías no hicieron nada y por qué el agredido se dejó zarandear. Yo creo que es miedo e ignorancia: estoy convencida de que los policías no supieron qué hacer ¿qué hubiera opinado la sociedad si las hubieran sometido? Especulo que así le hubiera ido al Cuerpo entero: Derechos Humanos y todo el aparato encima. Miedo por lo mismo: las someten, las meten a la patrulla, le jalan a la delegación y pudiera verse como brutalidad policial. No creo estar exagerando. No hay respeto para la autoridad, y no hablo solo de los policías, tampoco a los padres o a los maestros. Es verdaderamente grave, espero que nadie se esté riendo de esto. No digo que la policía de nuestra ciudad sea una maravilla, pero todos estamos acostumbrados a jinetear la ley a gusto y eso no es para enorgullecer a nadie.

Por otro lado, para generar el civismo en nuestra ciudad, yo digo que el GDF debería pintar las rayas de las avenidas de la ciudad, crear opciones realistas para los bicicletos, multar motocicletos y educar a sus policías en el sometimiento de habitantes que son un peligro para todos los demás. Mientras, nosotros podemos concentrarnos en lo verdaderamente importante ¿tendré helado de chocolate en el refri?

El canto de las sirenas

Va a empezar el mundial. Cada cuatro años es lo mismo: todo mundo hace sus maletas y se va a tierras lejanas a la fiesta, lo cual ni es malo ni condenable, a los que no nos preocupa el fútbol lo podemos tomar con filosofía ya que, en lo que eliminan a nuestro equipo, es posible que todos estén pensando en una sola cosa y esto trastoque un poco nuestras vidas manteniéndolas en pausa pambolera.

Si nos pusiéramos a hacer recuento de daños, no acabamos. Simplemente los últimos acontecimientos en el país han desatado descontento, pero también desilusión, porque los que seguimos las noticias y nos indignamos por lo que nos llega sabemos también que no va a pasar nada. Aún cuando Calderón exija que se castigue a los agresores que mataron al niño en el río Bravo, no tiene suficiente… bueno ustedes saben, para que eso sea un hecho.

Mientras en Sudáfrica…

Hay fiesta, visitantes, futbolistas y asaltos. Parece que la ciudad de Johannesburgo está un poco congestionada y la seguridad no es mucha. Pero ya lo dijo Fernanda Tapia ¿qué se sentirá vivir en un país con poca seguridad y tomada por la delincuencia? Ni que uno supiera de eso.

El mundial es finito, sabemos que nuestra memoria también. Esperemos que el canto de las sirenas no nos vuelva locos y no nos saque de rumbo (más)… hay que recordar que siempre es más fácil reunirse en la alegría que en el dolor.

El día que me quedé sin llantas

El sábado me levanté temprano, porque mi jefe decidió, por sus pistolas y buen juicio que yo debía madrugar con el objeto de ser personal de apoyo. Así que fui, con muy mala actitud, es decir, la que casi siempre tengo. Finalmente es trabajo y pues me aguanto porque hay muchas cosas de él que me gustan. Ni modo.

Cuando terminó mi turno me fui al cine y vi Océanos. Qué buena está, especialmente la musicalización, es grandiosa. En fin, pasé muy buen rato. Cuando salía del estacionamiento oí un sonido plat, plat, plat. Creí que era la defensa, que me había estacionado muy cerca de los topes del cajón y había desprendido el plástico. Pues no… la llanta delantera con chipote se reventó. Me orillé en un lugar muy incómodo y llamé a mi Héroe. Se presentó y me ayudó a cambiar mi llanta y se lo agradecí mucho. Me dijo “de nada, de cualquier forma no habrías podido hacerlo sola. Se necesita mucha fuerza”. Tenía razón, pero ahora puedo dirigir a alguien con suficiente fuerza bruta en el arte de cambiar una llanta.

Regresé a mi casa sin más percances, bueno, tal vez cambiaría de una vez las dos llantas de adelante y las dos mejores de las antiguas irían atrás, además de adquirir otra llanta de refacción.

Me recosté en el sillón a leer un libro que no dejé hasta las 10 de la noche y me fui a dormitar a mi cama. Me quedé dormida y creo que en mi sueño vi el mar y era de noche… quelle surprise!

En la mañana decidí subir a la casa grande por huevos, al entrar vi a mi hermana. Me dio un sustote, porque estaba detrás del pilar y se me quedó viendo con una cara… ¿Qué?/ ¿No viste?/ ¿Qué cosa?/ Se llevaron las llantas de los coches/ ¿cómo?/ cortaron las cadenas y se llevaron las llantas.

Y sí… la cadena de la reja estaba rota y los coches en el piso. Sin llantas. Se llevaron todas, las 10. Incluso la que estaba ponchada, que estaba recargada en la pared del garaje. Dejaron los tornillos en el piso, un par de colillas de cigarro y ambos coches revueltos. Afortunadamente tenemos la costumbre de no dejar nada dentro, así que los encontraron vacíos. También fue una fortuna que no se les ocurriera entrar en la casa, que se quedaran en el garaje.

En fin: los sucesos extraños de la semana fueron, por fin, explicados: el que tocaran en mi ventana, que tocaran el timbre y no hubiera nadie. Tácticas para saber qué tanto se escuchaba en otras áreas de la casa.

Nunca odié tanto vivir aquí…

Llamados de media noche

Ayer soñaba… realmente no importa lo que soñaba, el hecho fue que desperté escuchando que alguien llamaba a mi ventana.
Mi ventana da al ras de la calle y durante un año entero no había tenido ningún incidente extraño.

Despúes de darme cuenta de lo que estaba pasando me dio miedo… pensé en las posibilidades en que ese alguien tocando mi ventana empezara a gritar, luego que tuviera una piedra y decidiera que era buena idea romper alguna de ellas. Afortunadamente se fue… solo para regresar cuando estaba soñando de nuevo.

No solo pasé un susto anoche, también tuve una mala noche gracias a que alguien por alguna razón decidió que era buena idea probar suerte en mi casa, a ver si alguien le abría en la madrugada.

Si alguien conoce al individuo, individua, planta, animal, mineral o quimera que tocó a mi ventana, díganle que no lo haga más… me levanto con sueño.

Lo que no sabemos

Hace como una semana Fonema me preguntaba por el “caso de la niña perdida”, a lo que yo contesté que no sabía nada. Me dijo que cómo era posible si estaba en todos lados, hasta en feisbuc que había una red de apoyo para encontrarla y todo. Ya despúes noté un espectacular con la foto de la niña y unos teléfonos.

Como Fonema me narró el caso, me pareció francamente raro, pero después de oír que había estado perdida por varios días sin una llamada de presuntos secuestradores, lo primero que pensé fue que posiblemente no la encontrarían y que esa nena ya estaba muerta. Incluso en casos de secuesto, cuando se pide rescate y todo, el que la víctima sobreviva depende de que las investigaciones para conocer el paradero sean rápidas. Si pasa mucho tiempo es raro que se encuentre a la persona con vida.

Ahora, la niña aparece en su casa, entre la pared y la cama, donde se supone ya habían revisado exhaustivamente. Y nadie sabe nada o “nadie sabe” ¿Cómo fue que estaba ahí? Y el horizonte solo se podría peor con el paso de los días.

Adela Micha realiza una entrevista y todos tienen la opinión de que es una mala actuación de congoja y que dentro de sus repuestas hay actos fallidos que la incriminan. Los parientes están que no los calienta ni el sol, la familia dividida, presunto adulterio, que si el matrimonio ya tenía muchos problemas, etc. y todos estamos prestos a crucificar a la madre.
Yo no digo que sea inocente, mucho menos que sea culpable, pero de que hay cosas raras en el caso, hay cosas raras; sin embargo, y esto se lo mencionaba a Daniel ayer: la opinión pública no sabe todo y no sabe todo porque ese es el trabajo de la procuraduría. Independientemente de lo que pensemos de la autoridad o de la capacidad de Bazbaz, yo estoy convencida de algo: no sabemos todo y, probablemente así deba ser. No porque no tengamos derecho a la información, sino porque la información no está completa y existe una razón deliberada para eso: si se trata de atrapar a alguien, en esta época en donde solo alguien que anda comiendo camote – ya te ví Eda, ni te rías – es decir, pendejeando como me pasó a mí, no se entera de las cosas. Todos nos enteramos de todo y si somos el culpable, no necesitamos enterarnos de todo, si es el caso, jamás se atrapa al malhechor. Es mi hipótesis para explicar porqué no sabemos lo que creemos que necesitamos saber y porque al tener más información, honestamente todos nos sentimos expertos y andamos opinando a diestra y siniestra.

El problema es que estamos acostumbrados a no creerle a nuestros gobernadores porque tenemos un largo historial de mentiras por parte de la autoridad. No confiamos en que la policía nos protege, antes corremos de ella no vaya a ser que nos madruguen y la reacción es opinar y decir que todos son corruptos e imbéciles. Corruptos, muchos, sí son, imbéciles… si no lo son, representan un papel fantástico. Si no confiamos en la policía en nuestra cotidianidad, menos lo haremos cuando suceden cosas como este caso: en donde, aparentemente, no hubo criminal, no hay un ser ajeno a la familia con una cara horrorosa, mueca y un hilo de baba resbalándole por la barbilla.

¿Vamos a saber qué pasó? Quien sabe. Mi papá tiene sus opiniones: el cree que la procuraduría sabe y están extorsionando a los padres, pero a mí me queda claro que hay muchas cosas que no sabemos y en este caso nada nos promete que vayamos a saber la verdad.

Un caso extraño

Tiene un tiempo que vienen sucediendo cosas en el trabajo. No es que la empresa para la que laboro sea la más estable y me estén sorprendiendo todo los cambios, si fuera así todos tendrían razón en preguntarme en qué mundo vivo. No, no. No es eso.

No tengo el dato de hace cuánto tiempo “dejaron ir” (es decir corrieron sin mayor explicación) a una persona que yo no conocí bien. La vi un par de veces y me contaron más o menos quien era. El tiempo pasó y me entero hace poco que ya no está, que le dieron las gracias.

No sé como sea el manejo en otras empresas, en la que yo trabajo pasan dos cosas: nunca te avisan con tiempo que no requerirán más de tus servicios, simplemente un día te llaman a RH; una vez que uno fue a RH y se enteró de que se convertía en persona non grata uno tiene que manejar un bajo perfil: es decir, ser tan invisible como se pueda y no hablar con nadie. Esas son las órdenes.

¿Qué le dirán a uno mientras está firmando su retiro en RH? ¿Tenemos a tu mascota Bubbles, asi que fírmale? ¿Te delataremos con toooodos tus compañeritos de la primaria que tú y solo tú fuiste el culpable de la sal en la azucarera de los maestros? ¿Tenemos a tu familia secuestrada y como abras la boca todos se van al carajo? Extraña la manera en la que hacen las cosas.

Bien, en esta ocasión tuve la oportunidad de leer una despedida de protesta. No solo una despedida en el tono “los voy a extrañar”, además había toda una crítica a mi lugar de trabajo, que honestamente compartí y lamenté que quienes pensamos así no lo decimos en voz alta porque cada quien tiene sus particularidades y su decisión de hacer o no hacer. También sospecho que si nos quejamos van a pasar dos cosas: nada y un sutil “pues si usted quiere trabajar aquí…” seguimos quejándonos tras puertas cerradas ante las respuestas que vamos a obtener.

Hace menos de un año que cambié de área y ya hay cambios en mi nuevo trabajo, esto no me asusta ni me angustia. yo sé dónde estoy y a dónde quiero ir. Finalmente el trabajar en esta empresa me ha dado toda la sensación de inseguridad posible y eso me ha hecho más aguantadora y más cinica (je, saludos Ivo), eso no quiere decir que quiera perder mi trabajo, pero siempre es una posibilidad.
Estos cambios han conmocionado a un sector de la empresa (jejeje) a mi solo me intrigaron, pero nada más. Por supuesto que si pensé que serían cambios solo en mi oficina, estaba muy equivocada. Claro que ahora reina la discreción entre directivos (lo siento chicos, ya no podré enterarme de muchas y jugosas cosas)rápida y quirúrgica.

Con este nuevo modo de hacer las cosas mucha gente está un poco nerviosa y hay miradas y gente que habla en voz alta medio en clave. Muy molesto. Están las que hablan en susurro, sin saber realmente de que hablan, pues solo los jefes saben nuestro destino. Yo estoy en mi oficina y me da un poco de hueva entrar en el jueguito este… no importa que tan jugoso el chisme, sé que nadie me lo va a contar y que yo solo soy “la niña esa que quién sabe que hace” ¿creen que no me he dado cuenta? Eso ya no me molesta, hago mi chamba y me divierto en ella, porque de que aquí rondan vibras extrñas… rondan.

Fuertes declaraciones

Después de un tiempecito he entendido lo que haré en los próximos días. Sin marcha atrás, sin contemplaciones me dirigiré a una respetable tienda de discos y compraré los cd’s de Lady Gaga.

He dicho

Blues

Finalmente me siento blue, como dicen los gabachos… o tristona como decimos aquí. Y es que además del invierno, que a pesar de que me gusta este año, hace mucho frío y no me sienta tan bien principalmente porque uno debería poder empiernarse sin mayores esfuerzos estos días pero cuando no se tiene con quien resulta medio difícil pasar los fríos ricamente.

No nada más esto: el otro día alguien clonó mi tarjetita de débito y no puedo usar mi dinero: o sea, lector, lectora, no puedo usar MI DINERO. El que yo gané trabajando porque mi cuenta está bloqueada y nanais el banco dijo que hasta que tenga plástico nuevo no puedo hacer nada, no dispongo de efectivo. Para hacer más molesto el asunto tendré que darle mi nuevo número a mi empleador; a ver cuánto se tardan en depositarme la próxima quincena porque ya veo obstáculos en el horizonte.

Chale, no tengo acurruque y no tengo lana. Lo bueno es que ya no estoy mala de la gripa. Tengo mi salud, pero ya lo dijo el intelectual de izquierda Alan Tatcher: la salud va y viene, el dinero, es lo importante.

El Terror

Habrá mucha gente que tenga su definición de terror: una imagen, una persona, un bicho, una fantasía. De chicos el terror toma forma de araña, la maestra de mate, el cero en biología, el monstruo que vive en el clóset o debajo de la cama, el pariente al que no queremos visitar porque su casa tiene un olor raro y el viejito del costal.

Ya de grandes el terror toma formas más macabras: el desempleo, el terrorismo laboral, la infidelidad del cónyuge, la hipoteca, los hijos saliéndose del huacal… cosas que de veras asustan.

Hoy estaba yo sin molestar a nadie cuando me di cuenta de que tenía que hacer un trámite. Si no lo hacía hoy había que esperar a la próxima semana y el agua no está como para chocolate. Así que decidí ir hoy. Eran las diez de la mañana (en tramitología es muuuy tarde) pero solo tenía que recoger un papel y la oficina la cierran a la 1.30. Perfecto, me dije. Le avisé a mi jefe que nos veíamos al rato y me fui.

Porque este es un trámite de trabajo, pues me pagan los viáticos de a donde quiera que tenga que ir. Así que uno toma taxi, colecta los recibos, se los da a la persona adecuada y se hace el reembolso. Es bastante simple. Tarda un poco pero no hay que pelearse haciendo restas si se utiliza el coche de uno.

Como la vez anterior tomé el taxi seguro que provee mi empleador, que tiene el escudo de nuestro animal favorito y todo, esta vez hice lo propio. Yo solo esperaba que no hubiera mucho tráfico para llegar rápido y que no se hiciera tan tarde.

Llegó mi taxi y me subí. No me gustó: ni el taxi, ni quien lo manejaba. El taxi porque olía a humedad y el hombre porque a mí los taxistas nunca me han simpatizado (suponiendo que la gente en general me simpatice). Solo me cae bien aquel taxista que sabe dónde dejarme y que todo el camino va discretamente callado. Si lleva el radio para distraerse él y no querer hacerme la plática, mejor. Pero no me iba a poner reina, así que me subí y me fui.

Durante el trayecto sucedieron cosas extrañas… como yo necesitaba un recibo para el reembolso de mi viaje, pues pregunté si traía recibos o notas. El sujeto primero dijo que no, pero al llegar al primer semáforo me tendió uno y me preguntó si me gustaba. La pregunta se me hizo rara, pero yo dije que sí y él me dijo ‘Qué bueno’. Seguimos nuestro camino, en el que yo nomás tenía una sensación rara.

El segundo incidente fue que dio una vuelta que yo no me esperaba y llegamos a Taxqueña. Yo no iba a Taxqueña, iba a la Roma. Y me dice ‘la dejo por aquí ¿no?’ a lo que yo respondí ‘¡No!’ ‘Ah, quiere que la deje adentro, ok’ Un poco más nerviosa le dije que yo iba a la calle de Puebla en la colonia Roma no a Taxqueña (ya se lo había dicho una vez cuando me subí y me preguntó si por Insurgentes o por Tlalpan), el dijo ‘ok’ y seguimos.

Todo iba más o menos bien, pero ya me sentía insegura de si el sujeto sabía siquiera que iba manejando un taxi. De pronto, pega un grito de furia tal, que me asustó: ya me hacía yo dando vueltas por la ciudad con un maniático al volante, en el mejor de los casos. Pero unos metros después de su grito se orilló y se detuvo en medio de Tlalpan. Se bajó del taxi.

Ya para ese punto me daba miedo quedarme o bajarme. Si me quedaba corría el riesgo, primero de no llegar a mi destino y segundo de ser primera plana del Publímetro. Si me bajaba ¿quién me garantizaba que el sujeto loco no me iba a perseguir y a jalar de las greñas hasta regresarme al vehículo? Cuando se me ocurrió que lo mejor era bajarme, mi pesadilla tuvo otra sorpresa: donde debía estar la manija para abrir la puerta ¡no había nada! Casi grito, pero me di cuenta que había un cordoncito para jalar. Lo jalé… nada, lo volví a jalar, nada. A la tercera pude abrir la puerta y salir.

El hombre se me quedó viendo como si no entendiera que estaba pasando. Entonces le pregunté si me llevaba. Sin escucharme se subió nuevamente al coche y me preguntó si me quedaba, yo no lo pensé dos veces dije que sí y el fulano se arrancó. Ni siquiera le pagué el importe. Paré otro taxi.

Llegué a mi destino sin mucho contratiempo, nomás que el chofer que me llevó tampoco tenía las características ideales de un taxista. Me dijo muy seguro que la vocalista de 4 non blondes es hombre (aunque se llame Linda) y cuando me preguntó mi profesión yo quise que me tragara la tierra porque ya sabía que eso significaba o dar consejo o ver una situación en perspectiva o andar haciéndole a lo que yo no le hago. Pero me dejó sana y salva.

Me tomó menos de diez minutos hacer el trámite que hice.

Yo no ando jugando con el destino: me regresé en metro.