Cast out

Llevo semanas en un predicamento, en el que me metí por poner límites, mis límites. Esto ha tenido una consecuencia que no calculé: mi papá no me habla. Todo fuera como eso, que cuando pasa, solo es cosa de unos días para que todo vuelva a la normalidad, bueno, yo llevo ya semanas así, creo que ya hasta cumplí los dos meses.

La cosa es que si esto pasa dentro de mi familia tiene dos repercusiones: tu mamá, por alianza, va a tomar el partido de su marido, no el tuyo y segundo vas a perderte las reuniones familiares porque era tu papá quien te avisaba.

Es justo decir que no he estado de buen humor y esto me pegó ayer: no me gusta que me ignoren, menos mi papá.

Mentiroso sabe esto y le molesta que me moleste. Ni modo, a veces estas cosas suceden y yo no voy a dar un paso atrás, a ver cuánto aguanto.

Ahora bien, estoy segura que ando en un bajón de hormonas. No me he querido levantar en toda la semana, a pesar de que he dormido bien. Le digo a mentiroso y el me pregunta “¿te hace falta compañía?” ya saben, de coquetón. Yo le contesto que en caso de que no me haga falta, sí me gustaría… ¿qué es lo que contesta él? Que se quedaría conmigo, nomás que tiene mucha gripa y pues no me va a dejar dormir.

Yo pregunto ¿ven lo que yo veo en esta conversación? Por esa razón y solo esa: voy por mi tercera cerveza en miércoles.

Familia

Mi familia está en México… toda ella.

Tal vez debería recapitular: tengo dos hermanas y mis papás. Desde hace años mis hermanas salen con dos chavos, tan diferentes como pudieran ser: uno es alemán, el otro guerrerense. Uno es físico, el otro médico. Uno habla y bromea -se atreve a hacerle chistes a mi papá :O-, el otro es serio y callado y mi papá le dice “colega”. Y los dos hacen felices a cada una de mis hermanas.

Este diciembre, los cuatro decidieron hablar muy seriamente con mis papás: se casan el 2012… todos. A mis papás casi les da el soponcio y voy a explicar porqué. Creo que nunca se imaginaron que las dos fueran a anunciar lo mismo, al mismo tiempo. De ahí el soponcio.
Siempre hay dos lados de cada historia: yo vi una pedida y me pareció muy seria y muy amenazadora -dejara de ser mi papá el futuro suegro- y otra que no vi y que mi hermana describió como distraída del orden “pues decidimos que nos casamos” “¿ah si? que bien, pásame un cuernito”. Pero mi mamá dice que vio como mi papá casi se desplomó con cada noticia, no era que no le diera gusto en ambos casos, fue la sorpresa.
Mi mamá dijo que le había sorprendido que pidieran a mis hermanas, a mí no. Somos muy tradicionales y mis cuñados simplemente respetaron eso, lo supieron ver.

Mis hermanas se casan con los hombres de su vida… el universo funciona.

Claro que cuando le conté a Miss Ceci en pleno brindis navideño me dijo “pues miss, pongamos su nombre en la urna para que salga usted también!”

OHANA

El jefe Diego, la ley anti-inmigrantes y más zombies

Cuando el día de la mujer, mi papá con su siempre increíble sabiduría dijo “¿liberarse, liberarse? ¿De qué quieren liberarse?” Las mujeres a quienes les conté la anécdota, me hacían ojos de “órale con tu papá”, pero a mí me da risa porque yo me sé el contexto: mi papá habla así porque su mamá, mi abuela, se liberó por ahí de 1930. No podía votar pero ¿qué importaba si andaba por la calle como si nada? Y así fue toda su vida, gracias a que mi abuelo era camionero y no estaba mucho en la casa, andaba en Estados Unidos pasando medias de nylon a México en pomos de manteca. Mi papá y sus hermanos siempre fueron queridos por sus maestras.

Esto me lleva a otro recuerdo y a la ley anti-inmigrantes de Arizona. Yo vengo de una familia en la que hay sangre indígena, sangre española, un negro pasado y un güero precioso de ojos azules. A ese güero precioso de ojos azules lo dejaron, no una vez, sino dos en el altar esperando la novia. Fue tal su desazón que se fue de brasero a nada más, ni nada menos que Ohio. Y ahí se pasó un rato. Nada agradable. Era al rededor de 1930, año de la liberación de mi abuela y, paradójicamente, el encierro de mi abuelo. Resulta que en esa época en Estados Unidos, los letreros de restaurantes y comercios decían “prohibida la entrada a negros, perros y mexicanos”.

Mi abuelo era del color correcto: a él le hablaban en inglés, lo trataban con deferencia, vaya, que lo confundían con gringo. En cambio a sus compañeros y familiares los deportaban. Eso hizo que nunca aprendiera inglés y fuera férreo enemigo del imperialismo yanqui. Cuenta la leyenda que solo tenía un amigo gringo que venía cada 20 de noviembre a ver el desfile y ponerse una borrachera de nervios. Mi papá, a la fecha, cree que venía a echar ojo.

Bueno, eso precisamente me lleva a la ley de Arizona: a mí y a Sergio siempre nos hicieron el famoso profiling. Nos indignaba tanto que lo provocábamos sólo para que todo mundo se diera cuenta de que éramos mexicanos legales en el país del norte y no medio orientales terroristas. La ley en Arizona, definitivamente habría sido una molestia para nosotros, pero nosotros gozábamos de tener papeles, de estar ahí de manera legal. Por esa sola razón a nosotros no nos podía tocar la migra, pero hay otros miles a los que sí y pienso en mi abuelo y mis tíos. No era buena idea que fueran braseros, no era legal, podían correrlos en el momento que quisieran porque la ley es así, sin embargo lo que podría traer esta ley es un maltrato brutal (aún mayor) a los migrantes sin papeles. Si ya existen condiciones infrahumanas para estas personas, no imagino lo que podrían hacerles, cómo podrían presionarlos, con una ley como la SB 1070 ¿se merecen eso? Yo creo que no, creo que merecen un trato justo y un acuerdo entre naciones. También un gobierno que les dé de comer, pero eso está difícil, ya ni nosotros comemos bien y eso que tenemos trabajo.

… trabajo es el que nos va a costar encontrar al jefe Diego. Yo digo, con cierta tristeza, lo que dije con la niña Paulette: ya está muerto. Rescatarlo con vida sería entre heroico y milagroso. Y digo que digo con tristeza, porque a pesar de su psicopática personalidad es un individuo a quien van a extrañar sus familiares. Pero ya lo dijo mi papá, tan sabio el “las acciones nos alcanzan”.

*ahora que lo pienso, no estoy segura si lo dijo mi papá o el Dr. Lamoglia, pero dijeron algo parecido.

En la cena…

G: A propósito ¿registraron sus celulares? – mis papás se voltean a ver – ¡No me digan que no porque yo registré el mío por ustedes!
Papá: Pues… yo no lo hiba a hacer. Pero entonces pensé cuando salgo de la ciudad, pero podía usar el de tu mamá y que ella me hable desde la casa.
G: ¿Y entonces?
Papá: Pues el otro día A, me preguntó si ya lo había registrado, le dije que no y cuando me dijo que ella me lo registraba, me dió pena decirle que no quería.

¿No es grande mi apá?

Lo que no sabemos

Hace como una semana Fonema me preguntaba por el “caso de la niña perdida”, a lo que yo contesté que no sabía nada. Me dijo que cómo era posible si estaba en todos lados, hasta en feisbuc que había una red de apoyo para encontrarla y todo. Ya despúes noté un espectacular con la foto de la niña y unos teléfonos.

Como Fonema me narró el caso, me pareció francamente raro, pero después de oír que había estado perdida por varios días sin una llamada de presuntos secuestradores, lo primero que pensé fue que posiblemente no la encontrarían y que esa nena ya estaba muerta. Incluso en casos de secuesto, cuando se pide rescate y todo, el que la víctima sobreviva depende de que las investigaciones para conocer el paradero sean rápidas. Si pasa mucho tiempo es raro que se encuentre a la persona con vida.

Ahora, la niña aparece en su casa, entre la pared y la cama, donde se supone ya habían revisado exhaustivamente. Y nadie sabe nada o “nadie sabe” ¿Cómo fue que estaba ahí? Y el horizonte solo se podría peor con el paso de los días.

Adela Micha realiza una entrevista y todos tienen la opinión de que es una mala actuación de congoja y que dentro de sus repuestas hay actos fallidos que la incriminan. Los parientes están que no los calienta ni el sol, la familia dividida, presunto adulterio, que si el matrimonio ya tenía muchos problemas, etc. y todos estamos prestos a crucificar a la madre.
Yo no digo que sea inocente, mucho menos que sea culpable, pero de que hay cosas raras en el caso, hay cosas raras; sin embargo, y esto se lo mencionaba a Daniel ayer: la opinión pública no sabe todo y no sabe todo porque ese es el trabajo de la procuraduría. Independientemente de lo que pensemos de la autoridad o de la capacidad de Bazbaz, yo estoy convencida de algo: no sabemos todo y, probablemente así deba ser. No porque no tengamos derecho a la información, sino porque la información no está completa y existe una razón deliberada para eso: si se trata de atrapar a alguien, en esta época en donde solo alguien que anda comiendo camote – ya te ví Eda, ni te rías – es decir, pendejeando como me pasó a mí, no se entera de las cosas. Todos nos enteramos de todo y si somos el culpable, no necesitamos enterarnos de todo, si es el caso, jamás se atrapa al malhechor. Es mi hipótesis para explicar porqué no sabemos lo que creemos que necesitamos saber y porque al tener más información, honestamente todos nos sentimos expertos y andamos opinando a diestra y siniestra.

El problema es que estamos acostumbrados a no creerle a nuestros gobernadores porque tenemos un largo historial de mentiras por parte de la autoridad. No confiamos en que la policía nos protege, antes corremos de ella no vaya a ser que nos madruguen y la reacción es opinar y decir que todos son corruptos e imbéciles. Corruptos, muchos, sí son, imbéciles… si no lo son, representan un papel fantástico. Si no confiamos en la policía en nuestra cotidianidad, menos lo haremos cuando suceden cosas como este caso: en donde, aparentemente, no hubo criminal, no hay un ser ajeno a la familia con una cara horrorosa, mueca y un hilo de baba resbalándole por la barbilla.

¿Vamos a saber qué pasó? Quien sabe. Mi papá tiene sus opiniones: el cree que la procuraduría sabe y están extorsionando a los padres, pero a mí me queda claro que hay muchas cosas que no sabemos y en este caso nada nos promete que vayamos a saber la verdad.

Encuentros cercanos… del tipo que nadie desea

Un día me hallé deprimida y en un mar de lágrimas (mías) mi papá me dijo: no hay necesidad de que sufras tanto, regresa a la casa. Puedes vivir en la planta baja y nadie te va a molestar.

Y eso hice: me mudé a la parte más fría del terreno de casa de mis papás (porque esa construcción no es parte de la casa). Después de poco tiempo me sentí mejor y mi papá mantuvo su palabra de no meterse en mis cosas… o esa era la idea. Porque mi padre puede quedarse al margen de muchas cosas, mi mamá no cuenta con la misma prudencia.

Mi mamá es como cualquier mamá: me llama a las 10 de la noche si no sabe de mí, para que, donde quiera que esté, me retache luego, luego a casa. Esa es vida. Pero a mi regreso uno de los acuerdos fue espacio: que no conseguí sino hasta que un día regresé a las 4 de la mañana… por supuesto que mi madre me habló cada hora desde las 12, pero ¿qué iba a hacer? ¿Ir por mí de las greñas a la casa de Fonema? Hubiera sido ridículo… para ambas.

Total, ahora llego a las seis de la mañana y nadie sabe y nadie supo porque nadie pregunta y yo no cuento. O de plano no llego.

Todo va bien hasta que llega el día en el que se tienen visitas. Honestamente yo no creí tenerlas pues… nunca. Pero como la vida me ha enseñado a que calladita me veo casi decente pues ya no digo de esta agua no beberé y, por supuesto, tuve visita.

Ese preciso día en que fue mi visita tuve que ir con mi papá a hacer un encargo, por supuesto yo no iba a arrastrar al interfecto conmigo, así que lo dejé sentadito en la sala. Llamé a mi papá y nos fuimos.

Cuál no sería mi sorpresa que al regresar mi visita me dice: conocí a tu mamá.

Resulta que mi sacrosanta bajó a mi casa ¿qué tenía que hacer ahí mientras yo no estaba? Nada. Porque si yo encontrara los platos lavados y el comedor barrido, otra cosa sería. Mi sacrosanta se mete a mi casa a ¡nada! Qué poco acomedida y qué tremendo susto le pegó a mi visita y se pegó ella solita.

Mi visita, muy atento, a la pregunta de ¿y tu quién eres? Dijo, pues soy X. X luego me contó ¿qué le iba a decir? Buenas tardes señora, soy el ladrón y estoy checando mi correo. Dice que mi pobre madre un poco confundida tartamudeó y luego se fue.

Que levante la mano el que crea que todo esto quedó aquí… tuviera tanta suerte.

La semana siguiente tenía yo visita de nuevo. Bueno, esta vez algo estaba pasando con mi regadera. Llamé a la casa grande ¿hay agua? Sí, pero si quieres tu papá puede ir a revisar. NOOOOOOOOOO, no es necesario. Me metí a bañar y me di cuenta del desperfecto, lo arreglé. Tocan, me dice mi visita, creo que es tu papá. Ok, ok, ok… yo en la ducha, puerta del baño abierta, visita en mi cama, la cortina de mi regadera… digamos que podría ser de un color más mate, mi papá abre la puerta: la regadera y mi cama se ven directamente y sin escalas desde mi puerta de entrada ¿Si tienes agua? Yo asomada por un lado de la cortina, si no hay problema. Ah bueno, nos vemos luego m’hija.

Salgo de la regadera y mi visita me dice: qué manera tan extraña de conocer a tus papás.