Y así terminó…

En cosa de horas es la reunión anual de la generación a la que no pertenecí en la Universidad. Luego hablo de eso porque todavía me raspa, aunque ya lo menciono casi como anécdota.

Hace como un mes me puse a limpiar una caja que me dio mi papá, que tenía cuadernos, dibujos, cartas, etc. todo lo que uno acumula con los años.  Entre todo eso había cartas de mis ex novios. Son de una variedad que yo no había notado: las de mi primer novio que son de un cursi del que ya no hay, seguro yo le escribía por el estilo. Las de un novio que tuve por compromiso (o.O aunque usted no lo crea), en realidad son tarjetas, que no tienen nada porque decía que no quería arruinarlas con su letra fea. Alguna de uno que Pepo tuvo a bien describir perfectamente: era un fantoche; la tarjeta de las flores de Franjo. Las de Roni ya no estaban… hace años las tiré, fueron las primeras en desaparecer. Lo último que encontré fueron correos impresos de mi ex marido, son como las listas del super: muy cotidianos.

Fue muy interesante ver todo eso. Siempre que lo revisé me daba mucha nostalgia… una sensación de añoranza muy fuerte y siempre un dejo de qué hubiera pasado si. Esta vez ya no fue así: nada de lo que vi me ocasionó emoción alguna. Tal vez debería haberme preocupado por la falta de emoción, pero no. Por primera vez en años todo lo que sentía con respecto al pasado había desaparecido, ya no está. Soy libre. Con esa certeza de no necesitar nada de eso, lo tiré todo.

A la reunión del sábado no voy a ir. El pasado se fue y el presente me ocupa.

Sombody that I used to know

Hace poco platicaba con una amiga y, a propósito de rompimientos, le decía que me parecía un descubrimiento que alguien se la pasara mal después de romper conmigo ¿por qué? Muy simple: cuando yo termino con alguien no me la paso mal. Es más, ha habido ocasiones en las que me la paso muy bien. Ella me dijo algo como “sí, claro, es parte de tu personalidad”. Sí, pero no… Pensémoslo por un momento.

Si uno ha aprendido algo en la vida, uno va a terminar una relación en  el entendido de que ya no quiere esa situación, que ya no le sirve. Y, claro, lo último que está en nuestra mente después de la separación es la de es ser infelices. Nos sentiremos tristes por un rato, dependiendo de la duración de la relación o de la profundidad, pero… no, el sentimiento que se tiene, cuando uno hizo bien es el de alivio. Ya no quiero más esto, me deshago de ello, todo vuelve a la normalidad, todo está bien.

Para mí, esto es lo más sano y la persona que una vez quisimos tanto, se convierte en alguien a quien solíamos conocer…

Cast out

Llevo semanas en un predicamento, en el que me metí por poner límites, mis límites. Esto ha tenido una consecuencia que no calculé: mi papá no me habla. Todo fuera como eso, que cuando pasa, solo es cosa de unos días para que todo vuelva a la normalidad, bueno, yo llevo ya semanas así, creo que ya hasta cumplí los dos meses.

La cosa es que si esto pasa dentro de mi familia tiene dos repercusiones: tu mamá, por alianza, va a tomar el partido de su marido, no el tuyo y segundo vas a perderte las reuniones familiares porque era tu papá quien te avisaba.

Es justo decir que no he estado de buen humor y esto me pegó ayer: no me gusta que me ignoren, menos mi papá.

Mentiroso sabe esto y le molesta que me moleste. Ni modo, a veces estas cosas suceden y yo no voy a dar un paso atrás, a ver cuánto aguanto.

Ahora bien, estoy segura que ando en un bajón de hormonas. No me he querido levantar en toda la semana, a pesar de que he dormido bien. Le digo a mentiroso y el me pregunta “¿te hace falta compañía?” ya saben, de coquetón. Yo le contesto que en caso de que no me haga falta, sí me gustaría… ¿qué es lo que contesta él? Que se quedaría conmigo, nomás que tiene mucha gripa y pues no me va a dejar dormir.

Yo pregunto ¿ven lo que yo veo en esta conversación? Por esa razón y solo esa: voy por mi tercera cerveza en miércoles.

De amistades

Hoy hablaba con uno de mis chicos… estaba algo triste. Me dijo con ojos aguaditos que en tiempos como el que él estaba viviendo se conoce a los amigos. Yo le contesté que sí, que solo en los momentos difíciles, de necesidad, es cuando sabes quién te quiere y quien no.

Mi mana, el domingo, le decía a un cuate “ella se rifó, cuando nadie me hablaba, a ella no le importó y me trató como siempre”.

Hay alguien en mi historia que dice que es mi amistá… ¿será? la verdad yo no sé. Sé ser amiga de otros, me falla saber si alguien es amigo mío o no. Supongo que ya el tiempo dirá, los amigos se conocen en la desgracia… y en la soledad.

La Cenicienta

EL SIGUIENTE RELATO ES FICTICIO.

CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA.

Había una vez una chica a la que le cantaron un tiro muy directo. Esperó cinco días para que la mataran. Ya sabía lo que le iba a pasar, solo tenía que esperar aparentando que todo estaba bien, que nada había cambiado. El día de su ejecución vio cómo su verdugo se lo pensaba y dudaba y no lo hacía. Ella sabía lo que pasaría, solo debía tener paciencia, esperar… jamás le daría la satisfacción de suicidarse. Si la iba a matar que lo hiciera, para eso le cantó el tiro.

Había una vez una chica que fue a un castillo dónde vivía un príncipe. Bailó hasta pasada la media noche y, como el cuento lo indica, perdió sus zapatos.

Ella volvió a su casa, sabía que sus zapatos no estaban, pero no iba a volver al castillo. El cuento dice que el príncipe debía tocar puertas hasta encontrar a aquella a quien le quedaran los zapatos. Pero el príncipe no vino. Por lacayo mandó una nota para comunicar que tenía los zapatos. Esto está mal… el cuento no va así.

Como sabía dónde estaban sus zapatos, Cenicienta decidió recuperarlos. Vía mensajero, avisó su visita al castillo. Recuperaría sus zapatos.

Se aproximó al castillo y explicó al portero a qué había ido. El portero tras la puerta le respondió “ahora bajo”, así que Cenicienta se sentó a esperar suponiendo que al hombre poco le tomaría ir por un par de zapatos y traerlos para poder irse. Se equivocaba.

Tardaron un poco en abrir la puerta ¿cuánto puede tomar ir por un par de zapatos que ya han de estar apartados para la ocasión? No veía el momento de irse de ahí.

Cuando finalmente la puerta se abrió, el príncipe estaba frente a ella… sin sus zapatos. Él le preguntó si quería subir al castillo, ella estaba decepcionada. Solo vine por mis zapatos ¿de veras tengo que entrar? Subió al castillo, recogió sus zapatos y salió.

El príncipe la escoltó hasta la entrada y ella se alejó hasta casi perderse en el bosque. El príncipe la siguió con la mirada y, antes de perderla de vista, la vio convertirse en burbujas y desaparecer entre los árboles.

I was to be alone

Last year I thought to my self that I was to spend my life alone. I made peace with it and let it go. Can I really live my life alone? I don’t know and something as silly as a movie moved me enough to think I want something more.
Someone to answer the phone, and see me even if it was a hard week because it was a hard week for me too. Someone thta, when asked. could tell me that I am the greatest woman he knows, that I’m lovely, Im pretty and he loves me. Is that so much to ask? May be it is, for my reality is not that. Should I break free? Again? And hope, and wait, and belive.

I deserve to be cherised, don’t I? Why do I settle for less? For the frightened, for someone who doesn’t love me. It’s almost a joke.

I want more, something wrong with that? What if life is not the answer? What if the answer lies beyond? What if I am supposed to be alone? Then, what am I doing with you? With the frightened, with the shmock? Are you?

Lo que hay

Las más de las veces no nos damos cuenta de lo que tenemos, ni cuando lo perdemos nos enteramos, pero hay breves momentos en que alguien más hace patente lo que tenemos y nos sorprendemos de que, lo que sospechábamos, era cierto.

¿Por qué ninguno lo había mencionado? Yo no sé ustedes, pero a mí me da un poco de pánico escénico cada vez que pienso en si algo está avanzando y me doy cuenta que, para saberlo de cierto, tengo que preguntar ¿Quién quiere preguntar algo, cualquier cosa, para que se le queden viendo raro y le contesten “pues no, no es así ¿no?”? Nadie. Y es por eso que yo me ahorraba mis preguntas incómodas, si es o no es, yo no voy a andar preguntando, un día me informan y listo.

Lo interesante es cuando a uno le informan de la manera más pedestre que existe: cuando una demostradora hace una pregunta, en apariencia, inocente. Así fue como me enteré. A mí me dio gusto y, no voy a mentir, tranquilidad. Porque así, ya sé que hacer y qué no hacer de manera clara. Eso me da tranquilidad, me ayuda a irme por la derecha, como dice la mana.

¿Por qué la otra parte no había dicho nada? Ah, sagaz lector, así me parta en dos la curiosidad, no voy a preguntar. Tal vez no había dicho nada porque yo no había preguntado y yo no había preguntado por pánico escénico… en fin, se puede detectar el círculo vicioso.

Pues es lo que hay y lo dije y lo sostengo: estoy muy satisfecha con mi destino… soy Ginísima Persona y soy adicta a los químicos… bueno, de hecho, soy adicta solo a uno.

Así no funcionan las cosas

Hoy leí algo que me hizo pensar y reír… tal vez no debería reírme, pero es que, si uno lo piensa con cuidado, siempre es así de ridículo.

Tomemos este ejemplo: hace cuatro años un chico, que quería conocer a una chica, le dejó, a su libre albedrío, decidir si lo llamaría o no. La chica no llamó, se cruzó de brazos a ver la tele. El chico se hartó y la llamó y entonces salieron.

¿Qué hubiera pasado si el chico no llama? Bueno… no hay nada como el presente para averiguarlo.

de Ginísima Persona Etiquetado

Sentimiento surreal

En cuanto a la identidad, el lugar de donde venimos es importante pero el lugar donde estamos, en ocasiones, lo es más.

¿Qué pasa cuando caemos en un lugar que es todo lo contrario a lo que hemos creído durante mucho tiempo? Es una pastilla difícil de tragar. En este último año mi perspectiva sobre el lugar donde trabajo ha cambiado de una forma drástica como no creí que cambiaría.

Vamos por partes: Uno nace en una familia católica, para empezar. Por supuesto que tengo todas las credenciales, lo único que me falta son los santos óleos. Pero toda mi educación privada y católica terminaría por desembocar en la Nacional, lo cual fue más que perfecto para mí porque ahí encontré gente que era como yo, con quien podía compartir ideas e ideales. Pero sobretodo pude encontrarme y evolucionar (tanto como uno pude de los 18 a los 22).

¿Qué desarrollé en la universidad? Pues idealismos que deben tenerse cuando uno está ahí, ferviente antiyanquismo y no creer nada en el gobierno, pues ¿qué más? Pero sobretodo se incrementó ese orgullo que se tiene por el Alma Mater.

Entonces, el encontrarme trabajando donde trabajo fue un gran shok durante mucho tiempo. Primero porque no había una sensación de bienvenida, todos se admiraban cuando decía dónde había estudiado (!?) y me preguntaban “¿Qué haces aquí?” Lo cual es algo bastante cercano al insulto.

Así pasaron años, hasta que llegó un director que nos hizo sentir bienvenidos a todos pero aún así no comulgaba con la idea de dónde venía con dónde estaba.

Llegó un momento en el que decidí que era mejor cambiar de área porque en donde estaba ya no me sentía cómoda, sabía que las cosas se iban a poner más difíciles y yo no necesitaba eso, nadie necesita dificultades políticas en su trabajo. Así que con un poco de ayuda divina y mucha ayuda terrenal, cambié mi trabajo.

En muy poco tiempo me volví a sentir bien y con el paso de los meses y después de algunas decepciones, le tomé nuevo cariño a mi trabajo. No solo a parte de él sino a todo el aparato y yo creo que es porque me validaron como buena empleada, como que sirvo para lo que hago y lo hago bien.

Por eso el otro día tuve un momento de surrealismo cuando me sentí contenta por el aniversario de la empresa y me sentí excluída cuando no me dieron una pieza de ropa que yo sí habría usado.

¿Traidora a la patria? No creo ¿traidora a mi Alma Mater? Tampoco, porque aún creo que donde estoy, le falta camino para ser como de dónde vengo.