One to rule them all

Mentiroso y yo empezamos a vivir juntos ¿por qué? Pues porque nos dio la gana, él me lo pidió y yo le dije que sí… todo muy romántico en un Vip’s, mientras inadvertidamente reprobaba una de las materias de la maestría. Pero eso no es tan importante como el paso que estábamos dando, simplemente porque ninguno pensamos en darlo y porque tras un empujoncito, me vi al otro lado de la mesa diciendo que sí, que sí vivía con él.

Bueno, entre unas y otras cosas para concretar la mudanza Mentiroso me pidió las llaves de la casa… supongo que es una petición sensata, pero como entramos y salimos juntos yo no lo vi como algo problemático, hasta que entendí que él no se sentía incluido si no tenía llaves. Así que saqué copias y le di sus llaves.

En algún momento me preguntó si había algo que yo quisiera y le dije que quería un anillo. Como a muchos, eso le causó nerviosismo y algunas excusas. Para no entrar en discusiones, lo dejamos ahí, pero no fue algo que se olvidara, estaríamos mirando los cristales de las joyerías viendo solitarios en los siguientes meses.

Esto es, que  para el 10 de mayo Mentiroso fue a tierras guerrerenses y yo me quedé en la capital porque mi mami vive aquí. Esa noche me mandó mensajito con foto preguntándome cuál de dos anillos me gustaba, escogí. Al siguiente día me lo dio y, aunque no hay promesa de matrimonio próximo (por que nos hace conflicto casarnos, pero nos hace conflicto no hacerlo también, por aquello de la administración), hay promesa de compromiso y de que queremos seguir juntos, si tenemos suerte, toda la vida.

Estoy comprometida… nunca había estado comprometida.

Cast out

Llevo semanas en un predicamento, en el que me metí por poner límites, mis límites. Esto ha tenido una consecuencia que no calculé: mi papá no me habla. Todo fuera como eso, que cuando pasa, solo es cosa de unos días para que todo vuelva a la normalidad, bueno, yo llevo ya semanas así, creo que ya hasta cumplí los dos meses.

La cosa es que si esto pasa dentro de mi familia tiene dos repercusiones: tu mamá, por alianza, va a tomar el partido de su marido, no el tuyo y segundo vas a perderte las reuniones familiares porque era tu papá quien te avisaba.

Es justo decir que no he estado de buen humor y esto me pegó ayer: no me gusta que me ignoren, menos mi papá.

Mentiroso sabe esto y le molesta que me moleste. Ni modo, a veces estas cosas suceden y yo no voy a dar un paso atrás, a ver cuánto aguanto.

Ahora bien, estoy segura que ando en un bajón de hormonas. No me he querido levantar en toda la semana, a pesar de que he dormido bien. Le digo a mentiroso y el me pregunta “¿te hace falta compañía?” ya saben, de coquetón. Yo le contesto que en caso de que no me haga falta, sí me gustaría… ¿qué es lo que contesta él? Que se quedaría conmigo, nomás que tiene mucha gripa y pues no me va a dejar dormir.

Yo pregunto ¿ven lo que yo veo en esta conversación? Por esa razón y solo esa: voy por mi tercera cerveza en miércoles.

13 de julio

El 13 de julio, estrictamente hablando, no tendría ningún significado; claro, si fuera supersticiosa, estaría revisando si éste día es martes o viernes y entraría en el eterno dilema: ¿es de mala suerte en México o en Estados Unidos?

En fin, el 13 de julio no es memorable por eso. Es memorable por dos cosas. Primero, es cumpleaños del Vikingo y a mí sí me da gusto que haya nacido; me parece una suerte haberlo conocido… bueno, tanto como he podido conocer al Vikingo, que es bastante poco.

En segundo lugar es aniversario del regreso de Mentiroso. Ha sido muy difícil la vida con y sin él. Todavía ninguno de los dos está muy seguro de cómo es más llevadera la vida: si juntos o separados; pero después de casi una década es bastante claro qué preferimos. A ver si tenemos la gracia de seguir así muchos años más.

No, el 13 de julio no es de mala suerte… y sin embargo hoy, comiendo una ensalada, perdí una muela sin darme cuenta y me la tragué o.O Ahora sí tengo que ir al dentista, chingao!

Blues

He pasado unos días horribles, tratando de entender por qué me sentía tan mal… odio decir que son hormonas porque eso invalida y minimiza lo mal que me siento a veces. Pero tampoco puedo descartarlo: mis hormonas son lo único que me hace sentarme en mi cama y llorar y llorar y llorar y esperar que se me quite pronto. En general pasan tres o cuatro días y se me quita, mientras tanto, todo es miseria. Especialmente porque yo no sé pedirle a alguien que me apapache un rato, nomás porque quiero. En fin, o aprendo a hacer eso o me aguanto mis días lúgubres o aprendo a convivir con ellos. De cualquier forma sé que no es para siempre y eso siempre es bueno.

Estando en ese estado de ánimo, paseando por una tienda de música, encontré un CD que había oído que estaría a la venta, pero lo olvidé por algún tiempo… de hecho había oído una canción el año pasado, pero como siempre pasa con las expectativas, no me gustó. Ahora que lo vi en la tienda y lo oí, fue maravilloso: es blues. Me encantó… no me importa que el que canta sea un hombre blanco, de clase media y, aún peor,… inglés. Me sentí reconfortada porque soy mexicana y me gustan el country, el blues y el acento sureño norteamericano (porque sí me gusta y qué y qué).

Entre todo esto quien me aguanta un poco más del promedio es Mentiroso, le agradezco que lo haga y muy seguido le digo que lo quiero, porque lo quiero y ahí le va un blues de un hombre blanco:

Am I grumpy?

La semana pasada, por cuestiones institucionales, estuve con varios de mi especie. La experiencia siempre es extraña, más extraña cuando alguien que no corresponde a mi círculo o que no me conoce me calcula menos edad – a veces mucho menos – de la que en realidad tengo. Esto es una molestia porque siempre da pie a bromas indeseadas y medio brutas. Pero a todo se acostumbra uno. Ese día no solo acabé con trece años menos, también con vino en mi falda, por eso me di a la huida con un amigo que hacía mucho no veía y que no me había dado cuenta de que extrañaba hasta que pasé más de diez minutos con él. Claro que como pésima amiga que soy, no he ido a visitarlo.

Esa noche acabé en una fiesta de disfraces, sin disfraz, súper cansada y cantando a Shakira porque no me sé otras canciones completas. Pero estuvo muy bien, hace mucho que no salía y agradezco infinitamente que me hayan sacado de la rutina de trabajo-tarea-dormir-trabajo-tarea-etc. Claro, no podía faltar dentro de la conversación “tu no naciste en ese año, acabas de sacar la cuenta” y “no se vale ponerse años” ¿qué mujer se ha puesto años?

Al siguiente día fui al cine porque están pasando el festival de Morelia en conocida cadena y había una que me había llamado la atención. Fui a ver La piel que habito… me tomó una hora, porque el cine no se había dado cuenta que en el paquete que les mandaron olvidaron precisamente esa. Y una plática extraña con un chico que, estoy segura, ha leído mucho sobre cine, visto muchas películas y lo mamón, seguro se le quita con la edad. También creyó que como él, yo nací en los ochentas ¡iluso! Extrañamente, cuando la película llegó al cine, se fue.

La piel que habito ha recibido buenas críticas, aunque hay quien no entendió los personajes o la historia le pareció un collage sin sentido. A mí me gustó, me pareció exquisitamente extraña y mi espera valió la pena. Si alguien quiere ir cuando la estrenen, que será a fin de mes, yo los acompaño.

Afortunadamente fue fin de semana de trabajo en equipo y como sabía que terminaríamos pronto, el domingo me fui a San Ildefonso con Mentiroso. Tenía ya un tiempo que no lo veía y lo extrañaba así que me lo llevé a ver a Ron Mueck y le gustó. Platicamos mucho, como siempre, y acabamos en La Lagunilla viendo teléfonos de disco que me encantan y cámaras fotográficas que le encantan. No compramos nada, pero fue útil saber qué se le puede regalar al Clerge si uno ocupare.

Estuve de un inusual buen humor, tan bueno, que preferí no decir nada para no molestarme con cualquier nimiedad, que es mi especialidad. Acabamos hablando de relaciones, es nuestro tema favorito. Nos fascina cómo nos comportamos frente a otros y como otros se comportan, los consejos que nos piden y cómo vemos que cometen grandes errores que no están dispuestos a aceptar. Me decía de una amiga suya que estaba harta de su ex pero parecía no querer realmente que la dejara en paz; yo le dije que muchas veces aceptamos atención que no deseamos antes que vernos solos. Muchos lo hacemos, pero estuvo de acuerdo conmigo en que si decidimos que eso queremos, no nos quejemos de la atención que provocamos.

Lo mismo, no hay porqué crear una expectativa cuando realmente no la deseamos. Decir te extraño y no recibir respuesta a la pregunta ¿cuándo nos vemos? Es odioso. En esta era de comunicación digital, impersonal, intemporal, confieso que cuido qué le digo a la gente: como cuando insultamos en otro idioma que no es el nuestro, podemos escribir muchas cosas sin realmente sentirlas. De quienes no son amigos míos en la realidad, pero quieren serlo en el mundo virtual, mejor ni hablo.

¿Seré muy gruñona con la tecnología y las relaciones humanas? ¿Seré muy gruñona ante las relaciones humanas?

*Si alguien se preguntara porqué ando dando el rol con Mentiroso, les voy a decir, nomás para que no me anden preguntando y extrañándose tanto: porque después de estar tan enojada con él, me desenojé y no puedo negar que es uno de mis más grandes amigos.

Quien te quiere

Compartirá contigo su tocino.

Te dará un chocolate que, seguramente, habría preferido comerse.

Te hará palomitas en la estufa, a la antigua.

Comparte su sushi.

Te deja dormir hasta que decides levantarte.

Te sirve cereal en la mañana.

Lava tu coche y te enseña a lavarlo.

Y nunca, nunca, olvida que tomas el café con azúcar.

Hace un año…

Hace un año regresó Mentiroso. Encantador como siempre.

Entonces sucedió lo que yo no creí que podría suceder… salimos de nuevo. Yo nunca dejé de quererlo, esa es la verdad, porque con defectos y virtudes, me parece que es mi justa medida. Si tuviera que estar con alguien toda mi vida estaría con él y tal vez esta vez sí me quedaría en un solo lugar. Tal vez esta vez sí… tal vez esta vez sí.

El asunto es que salimos, muchos meses. Y tal vez yo no debí, porque ¿qué hace una mujer saliendo con un hombre que no tiene pensado quedarse con ella? Cuando ella lo que quiere es quedarse. Pues nada, solo deseando que él también quiera quedarse, aunque en el fondo sepa que es un caso perdido.

Yo no le dije a nadie, o a casi nadie, cuando finalmente terminamos. Era, hasta cierto punto, bochornoso. No por mi comportamiento que sé que nunca ha sido maravilloso, pero en esta ocasión sí hice todo lo que pude, sí me esforcé aunque nadie lo note yo lo noto. Me esforcé sobretodo por no dejar de ser quien soy. Eso es difícil.

Cuando le conté a mi hermana que me pregunto ¿por qué? Cuando le contesté me dijo “bueno, yo no le volvía a hablar de ser tú”. Como siempre, él solo fue Mentiroso desde el principio… cómo no lo vi venir, si ya sabía.

Hoy hace un año fui la mujer más feliz sobre la tierra…

… porque él me ama

Hace unos días platicaba con una amiga. Su historia no es muy diferente de la de varias de nosotras, es tristemente familiar.

Había estado pensando en volver a ver a su exnovio, que para que no haya confusión, le rompió el corazón. Más de uno de mis amigos dice que hablan conmigo porque no juzgo. Yo la verdad no sé si lo hago o no, pero me queda claro que si algo no puedo hacer es juzgar el comportamiento de otro… como si yo fuera inocente.

En fin, el caso es que todos somos muy rápidos en opinar acerca de la vida de otros, como si tuviéramos resuelta la nuestra. Esto es que me encuentro con mi amiga, yo tengo un largo historial de no volver a hablar con mis ex. Son gente con la que no quiero encontrarme años después, porque si me los encuentro, me desilusiono de mí misma (saludos a todos) y me causa curiosidad la razón por la que algunas mujeres siguen llevándose con sus ex.
Le pregunté porqué quería reunirse con Y después de todo lo que le había causado. Respiró hondo y me dijo “ya lo vi” “¿por qué? ¿para qué?” “Porque él me ama” Yo la vi con incredulidad… hasta envidia me dio cuando la oí.

“¿Cómo que te ama?” Porque yo no iba a dar un paso atrás ¿desde cuando un hombre que nos deja nos ama? Por-fa-vor.
“Mira” me dijo “tu siempre hablas de que hay muchos tipos de amor, siempre lo has dicho. Me rompió el corazón, sí, le dejé de hablar, también, me volvió a romper el corazón otras dos veces. De acuerdo ¿se oye bastante mal, no?” “Nombre, si es un príncipe” (el sarcasmo me encanta). Ella rió. “Ya sé lo difícil que es eso, ya sé que suena a mentira y ya sé que puede ser una mentira, una manipulación. Estoy muy consciente” “¿Entonces?” “Entonces, nada… estoy de acuerdo en que amor romántico ya no hay, hace mucho que no hay… especialmente de su parte. Yo tuve que aprender muy a la mala a lo largo de años. Es muy difícil deshacerse de alguien que está ahí. Mira, yo no sé por cuánto tiempo, pero el tiempo que nos queda yo no lo voy a desperdiciar. El amor romántico se perdió, pero hay algo fuerte… no te lo puedo explicar ¿es mi imaginación? No importa si es así. No nos gusta estar lejos, no nos gusta olvidarnos del otro y todavía platicamos hasta que nos quedamos dormidos. Es amor. Lo volví a ver porque él me ama”.

Empezando de cero

Muchas de las cosas en nuestra vida no salen como quisiéramos que salieran y aprendemos a lidiar con esas pequeñas cosas que no son como nosotros pensamos.

Sin embargo, hay episodios en la vida que son devastadores. Que no entendemos porqué sucedieron… entendemos que metimos la pata, entendemos que algo estuvo mal en el camino, pero ¿en qué momento nos perdimos? ¿En qué momento la vida como la conocíamos cambió tan radicalmente? ¿Por qué nos sentimos mal? ¿Por qué nos despiertan nuestros propios sollozos en mitad de la noche? ¿Por qué nos molestamos a la menor provocación? ¿Por qué no podemos dormir?

No voy a reducir un sentimiento de profunda tristeza a las hormonas, a los ciclos, a que se debe a que uno tiene “días de esos”. Ese es un pensamiento muy reduccionista, convirtiéndose en un insulto, porque no solo somos química, somos más.

Ahora, la tristeza encalla en uno por diferentes razones. Hay factores hereditarios, hay factores ambientales, hay factores fisiológicos. Y hay combinaciones entre estos tres, de manera que la tristeza es muy personal. Y la manera de abordarla también.

He visto cómo las personas manejan su tristeza, hay quien reacciona con enojo, hay quien parece desubicado, hay quien no se levanta de la cama, hay quien llora, hay quien no duerme… hay quien se escinde. Esos son interesantes.

Partirse en dos para lidiar con la tristeza es casi psicótico ¿quién manda? ¿Nosotros o el alter ego? El asunto es que necesitamos ser uno solo para funcionar… no podemos ser dos al mismo tiempo, uno tiene que ganar ¿qué pasa con el perdedor? ¿Cómo logramos sobrevivir? Empezando de cero, supongo, cuando tu número se convierte en cero, es hora de empezar otra vez.

Tal vez se deba a mi edad, tal vez se deba al lugar donde estoy o a las personas que me rodean, -de ninguna manera es hormonal, como se han atrevido a suponer- pero es hora de empezar de cero, ahora que la canasta está vacía.

La Cenicienta

EL SIGUIENTE RELATO ES FICTICIO.

CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA.

Había una vez una chica a la que le cantaron un tiro muy directo. Esperó cinco días para que la mataran. Ya sabía lo que le iba a pasar, solo tenía que esperar aparentando que todo estaba bien, que nada había cambiado. El día de su ejecución vio cómo su verdugo se lo pensaba y dudaba y no lo hacía. Ella sabía lo que pasaría, solo debía tener paciencia, esperar… jamás le daría la satisfacción de suicidarse. Si la iba a matar que lo hiciera, para eso le cantó el tiro.

Había una vez una chica que fue a un castillo dónde vivía un príncipe. Bailó hasta pasada la media noche y, como el cuento lo indica, perdió sus zapatos.

Ella volvió a su casa, sabía que sus zapatos no estaban, pero no iba a volver al castillo. El cuento dice que el príncipe debía tocar puertas hasta encontrar a aquella a quien le quedaran los zapatos. Pero el príncipe no vino. Por lacayo mandó una nota para comunicar que tenía los zapatos. Esto está mal… el cuento no va así.

Como sabía dónde estaban sus zapatos, Cenicienta decidió recuperarlos. Vía mensajero, avisó su visita al castillo. Recuperaría sus zapatos.

Se aproximó al castillo y explicó al portero a qué había ido. El portero tras la puerta le respondió “ahora bajo”, así que Cenicienta se sentó a esperar suponiendo que al hombre poco le tomaría ir por un par de zapatos y traerlos para poder irse. Se equivocaba.

Tardaron un poco en abrir la puerta ¿cuánto puede tomar ir por un par de zapatos que ya han de estar apartados para la ocasión? No veía el momento de irse de ahí.

Cuando finalmente la puerta se abrió, el príncipe estaba frente a ella… sin sus zapatos. Él le preguntó si quería subir al castillo, ella estaba decepcionada. Solo vine por mis zapatos ¿de veras tengo que entrar? Subió al castillo, recogió sus zapatos y salió.

El príncipe la escoltó hasta la entrada y ella se alejó hasta casi perderse en el bosque. El príncipe la siguió con la mirada y, antes de perderla de vista, la vio convertirse en burbujas y desaparecer entre los árboles.